Por Borrego

Durante todo el torneo, siempre fiel a mi afición Necaxista, me ponía mi playera rojiblanca con el mismo orgullo de toda la vida y con el corazón en la garganta, me disponía a alentar a mi equipo, ya fuera desde el estadio, o desde el sillón de mi casa a través del televisor.

Al arranque del torneo, se veía un Necaxa prometedor, con ganas de salir adelante y luchar por la permanencia. Conforme fueron transcurriendo las jornadas, el equipo comenzó a perder esas ganas que mostraban, hasta que llegó el para muchos “necesario” cesé de el Profesor Omar Arellano, después del empate contra América en la jornada 6.

Llego el Ruso y las cosas cambiaron, el equipo no solo perdió las ganas de jugar al fútbol y trascender, si no que comenzó a jugar con miedo y pavor.
Un equipo no gana cuando se olvida de atacar, en cualquier deporte, en cualquier división y en cualquier estado y/o país del mundo. Pero cuando un equipo se dedica a defender, olvidándose del ataque, lo mínimo que abría que hacer, es defender bien…cosa que Necaxa no hizo.

Necaxa terminó el A2010 en el último lugar porcentual, dejando escapar puntos valiosos como el de Santos en la comarca y triunfos de oro como el de Jaguares, el de América y el de Atlante.
Logró sumar 4 victorias en 17 juegos, frente a un insípido Atlas en el Estadio Jalisco en el cual se pudo hasta golear y terminamos contando los minutos, frente al superlíder Cruz Azul en un partido polémico. Venció a un Puebla en momentos de crisis al cual también se le pudo ganar por una diferencia mayor y frente a Estudiantes Tecos que tenía menos pies que Necaxa.

Decepción, eso es lo que sentimos.

Es increíble que el equipo se acuerde que tiene que hacer un gol, cuando ya van abajo en el marcador, dejando la defensa al descubierto para recibir otro gol fulminante que terminará con la efímera esperanza de lograr el empate, tal como pasó con San Luis y Pumas.

Más increíble es el hecho de que dejen en la banca a piezas tan fundamentales en un esquema táctico como el que manejaba Necaxa, como lo son Everaldo Barbosa y el “tilón” Chávez, junto con Gandin que bien que mal, era el único que intentaba hacer algo adelante.

Finalmente, el equipo terminó peor que como empezó y juega de forma vergonzosa, la directiva tiene demasiado trabajo por hacer si quiere mantener al equipo en primera división. El 90% de los jugadores que están en el equipo, no representan ni a la historia, ni a los colores, ni al escudo, ni al nombre, ni a la institución….ya no hablemos de nosotros los
fieles aficionados.