Por Luis Manuel Jaramillo.

Este viernes acudí al último encuentro de los Rayos del Necaxa que disputaron en su casa en la primera división ante el líder general de la tabla, los Pumas de la UNAM, situación nada cómoda porque es como acudir a ver un enfermo incurable al que le van a retirar los aparatos.

El enfermo se defendió, lucho por mostrarse ante los presentes con deseos de despedirse tranquilo, sonriendo, agradeciendo que estuvieran allí sus amigos, esos amigos a los que en su momento no pudo complacer.

La derrota ante el mejor equipo del torneo actual, fue justa, nada que reclamar al árbitro.

A la salida las caras largas de quienes extrañaran ir a ver cada 15 días a su equipo enfrentar encuentros de la máxima división eran notorias, tan notorias que los partidarios del equipo Pumas que fueron muchos, se comportaron como nunca.

Nada de saltos gritos o burlas de la derrota enemiga. Tranquilamente caminaron a lo largo de la calle donde los autobuses los esperaban, subieron, arrancaron y tan serios que los partidarios del Necaxa se sorprendieron conociendo a las porras del equipo universitario.

Desolación, llanto, gritos de reproches a algunos jugadores que saben no hicieron mucho por la permanencia del equipo en primera división, acusaciones a la directiva que no supo reforzar al conjunto cuando más lo necesitaba.

La ciudad con mejor calidad de vida de México no verá por lo menos en un año a equipos como Chivas, América, Pumas, Cruz Azul y como suele ocurrir muchos de los jugadores buscaran con sus representantes vestir otra playera para no tener que lidiar con los viajes en autobús, malos campos, pésimos vestidores y malos salarios.

No sería bueno que esos jugadores no fueran contratados por otros equipo y que se mantuvieran por lo menos una temporada en el equipo que descendieron, sufriendo con los pagos de salarios como sucede muy frecuentemente en esa división.
Fuente: Portal