Por Moni-K.

La travesía comenzaba y los nervios, la impaciencia, la alegría y el orgullo se hacían presentes... el estadio se vestía de fiesta! una emoción indescriptible como pocas veces se ha sentido, es más, como nunca, miles de corazones rojiblancos en un solo lugar compartiendo un mismo sentimiento.

Daba gusto ver tantas playeras de Necaxa, gente de todos lugares con la cara pintada, banderas ondeando, sombreros y pelucas, se respiraba un gran ambiente donde todo el mundo sonreía.

Me quedo con todo eso, con las mejores cosas de aquel día donde fui feliz... Donde todos fuimos uno solo, donde disfruté al imponente Victoria vibrar y vestirse de rojiblanco aunque fuera sólo por una noche. Me quedo con la experiencia de haber estado en cancha en el juego "más" importante, de ver el estadio tan bonito y a la gente tan entregada y que aún a pesar de la lluvia que inevitablemente nos mojó, fue increíble estar ahí. Lo disfruté tanto que al final ya no dolió tanto...

Si estoy triste, pero en el fondo no sé que siento realmente... estoy comenzando a pensar que podría ser masoquista, porque a pesar de todo, el amor que le tengo por mi Necaxa es grande y es de verdad.

Me quedo con lo más bonito de ese día, la sonrisa y la ilusión de todos y cada uno de los corazones rojiblancos que latieron juntos esa noche, buscando tener la esperanza de ver brillar la luz al otro lado del túnel.