Por Ricardo Salazar.
@R_SalazarTD

Con la declaración “no somos un equipo grande”, Paco Jémez revivió un tema que recientemente abordamos en este espacio sobre la verdadera grandeza de los clubes mexicanos. Un equipo no nace grande, se hace por la conquista de títulos y con ello incrementa considerablemente el número de aficionados, al dejar de ganarlos invierte la fórmula, aunque no pierda el interés del público, su grandeza se ve disminuida.

En tiempos modernos, la demografía y los medios de comunicación pueden mantener el interés alrededor de un equipo de futbol, pero si no hay títulos con la frecuencia que hubo algún día, la grandeza se verá afectada. En 1943, la Federación Mexicana de Futbol tuvo que aceptar la existencia de futbolistas que reciben un salario, por ello, el Necaxa, que no podía sostener una plantilla, decidió retirarse como la segunda franquicia más ganadora con cuatro títulos de liga y dos de copa, dejando un vacío que ni el Guadalajara, Atlas, León y otros equipos de provincia que ingresaron pudieron llenar.

Siete años después, la vieja guardia necaxista y la numerosa afición lograron revivir al equipo reapareciendo con un lleno en el estadio de la Ciudad de los Deportes en 1950. Dos décadas después, sin revivir las glorias de antaño y sin poder sostenerlo económicamente, volvió a decir adiós en 1971, pero en 1982 volvió con un puñado de aficionados que se incrementaron con la conquista de cinco títulos en la década de los noventa, pero jamás recuperó la grandeza de antaño.

Cruz Azul no ha desaparecido como el Necaxa, pero ha sufrido un trauma con la ausencia de títulos. De no conseguirlo a fines de 2017, habrá acumulado 20 años y 40 campeonatos consecutivos sin conseguirlo, tiempo y cantidad de torneos suficientes para cuestionar su verdadera grandeza, que parece ficticia a pesar de una afición que se cuenta por millones.

Cuando llegó Johan Cruyff como asesor del club Guadalajara, dijo: “Un equipo grande no gana tres títulos en 40 años”, declaración que caló en el orgullo rojiblanco, pero, a su vez, una manifestación de la cultura deportiva europea, donde los reglamentos y tradiciones se veneran y respetan como religión, algo que el futbol mexicano no tiene debido a que la historia se manipula a conveniencia, que bien puede considerarse un acto de corrupción, por ejemplo, desconocer los resultados de la liga antes de 1943 por considerarlos de categoría amateur, pero aceptar que, en esas condiciones, la selección mexicana participó en el primer campeonato mundial de 1930. Distinto criterio para una misma situación.
Fuente: Excélsior