PASIÓN ROJIBLANCA ::: Pasión por los Rayos del Necaxa

Opinión PR | Cinco años después

Por Gerardo Taker.
@GerardoTaker

El Clausura 2011 fue un torneo mágico. Si, es cierto que Necaxa dio uno de los peores torneos de su historia y se condenó de manera temprana a jugar en la división de plata del futbol mexicano por segunda ocasión, pero a lo largo de aquel certamen también hubo momentos en los que el necaxismo y la mística que rodean a este equipo aparecieron en la cancha o en la tribuna.

Desde luego, la gran mayoría de los buenos recuerdos que podemos tener de un torneo infame como fue el de aquel primer semestre de 2011 se vivieron en las tribunas, y es que en la cancha, las actuaciones del equipo pocas veces pudieron compararse con las que brindaron sus aficionados.

Si habláramos de lo sucedido sobre el terreno de juego, sería muy difícil olvidar un mediodía de domingo en el Estadio Nemesio Diez de Toluca en la que un desahuciado Necaxa remontó una desventaja de dos goles para robarse tres puntos del infierno, puntos que parecían darnos vida en la lucha por la permanencia. Al margen de lo sucedido en la cancha, ese día, el apoyo en casa de los Diablos por parte de la afición necaxista fue casi tan espectacular como la misma reacción del equipo.

Un par de semanas después, el Estadio Azul fue escenario de una auténtica invasión rojiblanca y Necaxa jugó de local en casa de uno de los ‘grandes’ del futbol mexicano. La presencia de aficionados rojiblancos en el inmueble capitalino fue tal que varios medios dieron nota del apoyo que se le brindó a Necaxa en un momento tan complicado como el que se vivía en aquella parte del torneo. “Añoran a sus Rayos. La afición necaxista llenó el Estadio Azul”, decía el Diario Deportivo Récord la mañana siguiente de un encuentro que terminó sin anotaciones.

Tristemente con el paso de las jornadas, el equipo volvió a caer en la irregularidad y los malos resultados, lo que derivó en un descenso prematuro a falta de dos jornadas para el final del torneo. El Estadio Andrés Quintana Roo de Cancún fue escenario de una nueva pérdida de categoría en una noche en la que una vez más el arbitraje terminó perjudicando a Necaxa. Después de ese duelo ante Atlante llegó la despedida en casa, ante los Pumas, una nueva derrota.

La última jornada llevó al equipo al Estadio Hidalgo de Pachuca, escenario en el que un gris empate a un gol puso punto final a un año de pesadilla. Tratándose del último juego de la temporada y con los rumores de que esa noche sería el adiós de Pablo Quattrocchi, la afición de Necaxa se hizo sentir una vez más en patio ajeno con un apoyo total que opacó al de los locales.

“Y a pesar de todo, yo estoy aquí… porque soy de Rayos, muero por ti…” se escuchó una y otra vez cantada a todo pulmón en el Hidalgo. Esa noche, Necaxa no ganó en la cancha, pero en la tribuna goleó a los Tuzos. La manera de entregarse de cada necaxista en el estadio valió para el reconocimiento de la afición local y de la gente de prensa y seguridad que se encontraba detrás de la portería en la cabecera en la que el Estadio Hidalgo se pintó rojiblanco. Esa noche, los necaxistas se le entregaron al equipo y terminaron aplaudidos por la gente que fue testigo de la muestra de amor hacia los colores que se brindó.

Han pasado cinco largos años desde aquella visita a Pachuca y pese a ello aún recuerdo aquella última noche de Primera como si hubiera sido ayer. Desde el viaje de ida a ‘La Bella Airosa’, hasta el encuentro con muchos amigos en Pachuca. Los cantos, la entrega al equipo y hacia un Pablo Quattrocchi que mientras se coreaba “Ole ole ole ole… Pablo, Pablo…” declaraba en televisión que se quería quedar seis meses más.

Recuerdo cada detalle. Los mensajes recibidos de amigos necaxistas y no necaxistas, incluído el de mi amigo Rayotab que me decía lo que Pablo acababa de declarar. Recuerdo el gusto que me dio estar presente en esa noche mágica, y la tristeza de un nuevo descenso, de un ‘adiós’ a la Primera que no sabíamos cuánto tiempo duraría y que se alargó hasta un lustro.

Hoy, todo quedó atrás. Los cinco años en el infierno quedaron atrás. Y no, contrario a algunos, yo no pienso negar este tiempo que guste o no es parte de la historia del equipo. En ningún momento abandoné, y en ningún momento lo voy a hacer. Hoy, estamos de regreso en Primera, con aquel equipo al que tanto queremos y al que acompañamos a Segunda División sin dejarlo un solo instante.

Necaxa está de regreso, Rayos ya volvió.

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