Necaxa, la improbabilidad de la fe

Necaxa es la improbabilidad de la fe, consumada en los milagros: No les sobran, pero les bastan.

Hay días con contornos distintos, delineados con la fina tinta de lo impredecible y lo deseado. En Aguascalientes se decía y se sabía: “Fue una gran noche para ser Campeones”.

Y lo fueron, a partir de la improbabilidad de la pelota, que salta para cualquier parte y que sigue empeñada en ser artista de lo imposible. De lo impensado.

Y así, el Toluca hizo un gol en propia puerta, por cuenta de Santiago García, como confirmación de los caprichos del balón. Los Diablos perdieron la Final por eso y porque tampoco pudieron ganarla, ante un Necaxa, que en Liga y Copa no sabe perder y pocas veces vencer...

Pero de pronto, todo se alinea, como respuesta al esfuerzo. El orden también se mide en títulos. Y los Rayos son tan disciplinados y puntuales con el compromiso colectivo, como los es una inglesa el día de su boda.

Ganaron como equipo para no morir como individuales, aunque los visitantes tampoco hayan hecho tantos méritos para ser segundos. Fueron un Subcampeón de oro, porque fueron idénticos, desde la óptica de la competitividad.

Pero el futbol es un juego de errores. Gana el que menos comete. Y los Rayos recibieron una anotación a favor con moño y una postal, con el rayo en el corazón.

No fue un juego de museo o que reclame enmarcarse entre dos vidrios. Fue una Final áspera. Pero existió un vapor de optimismo con dos equipos estelares en sus formaciones, que encontraron un pretexto de media semana para adornar sus vitrinas.

En el Salón de la Fama del Toluca hay un mensaje grabado a fuego y bronce en una de sus paredes. Es la voz de la memoria. El deseo de presente. O del ayer. “Que el balón ruede a nuestro favor”, se lee en voz baja para no despertar a los trofeos.

Aquella frase de Nemesio Diez es velada por dos hombres mitad cobre, mitad esfuerzo. Uno dispara de zurda; otro ataja estirado con todas sus fuerzas. Es el simbolismo de que los triunfos se trabajan.

Ayer descansaron los héroes del pasado escarlata y trabajaron a marchas forzadas los héroes de capas rojiblancas. Marcelo Barovero alzó el trofeo, junto con Yosgart Gutiérrez, portero suplente que cultivó este triunfo desde sus atajadas a lo largo del torneo y su injusta presencia en la banca. Fue un guiño de Campeón, que viste de caballero y tiene memoria...

Aquella pelota bombeada en forma de autogol, techó a todos. En su parábola hacia la portería de los Diablos iba describiendo una vez más aquella frase: “Se escribe Necaxa, se pronuncia Campeón”.
Fuente: Récord / Escrito por Felipe Morales

Comentarios

  1. Felipe te felicito están muy padre tus comentarios. Mi calificación para ti es 10. simplemente chingón.

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