Por Borrego.

Las personas que me conocen podrán decir mil y un defectos distintos sobre mí. Serán las mismas personas las que tendrán decir que si hay una cosa de la que nunca se me va a acusar es de infidelidad.

Siempre he dicho que es muy fácil apoyar una causa cuando esta lleva un buen rumbo, el verdadero reto consiste en comprometerse con la causa aun cuando parece perdida y en el futbol es lo mismo. Es sencillo apoyar al campeón, lo bonito está en apoyar al equipo en las buenas y las malas.

Ahora que tocamos el tema del futbol, deporte favorito de la población mundial, es un honor presentarme cómo aficionado de uno de los clubes históricamente más trágicos del fútbol mexicano: Club Deportivo Necaxa.

No sé cuantas veces me han preguntado el porqué de mi afición necaxista y tampoco sé cuantas respuestas diferentes puedo juntar en mi mente.
Quizá fueron los colores, quizá fue el escudo o quizá aquel juego de conjunto que realizaba el entonces ‘equipo de los niños’ del Verano de 1998, año en el que me convertí en uno de los (muchos o pocos) verdaderos aficionados rojiblancos.

Durante los 13 años que llevo siguiendo los pasos de “Rayos” he caminado por la vida haciéndole a ésta analogías en relación a Necaxa: Cada gol rojiblanco es mi esperanza, cada gol en contra es un tropiezo y a su vez un reto, cada triunfo es mi gloría y la derrota mi caída.

Mi padre, ferviente aficionado a los Pumas de la UNAM me dijo hace algunos años que: “no entiendo tu necedad de seguir a ese equipo que no te ha dado nada en la vida, no has hecho más que sufrir.”

Y tiene razón a medias, durante 13 años mi vida entera ha sido dedicada a sufrir por Necaxa. Juan Villoro, autor de Dios es redondo dijo que “Necaxa no te garantiza títulos, ni promete domingos fáciles”. Pero la satisfacción de ver al gigante caer ante el ‘débil’ Necaxa que aprendió a no morir, no se compara.

Necaxa no gana cada ocho días, Necaxa raspa con uñas los límites del infierno constantemente. Necaxa sufre y sufre. Pero cuando Necaxa ríe, ríe más fuerte que el resto. Es por eso que estoy ahí cada fin de semana, porque Necaxa existe para la minoría que no es igual a los demás, para los que toman el reto y eligen el camino más difícil, pero que más satisfacción trae.

Habrá gente que posiblemente lea esto y piense que soy un exagerado o que estoy enfermo de fútbol, que soy mediocre por irle a un equipo ‘pequeño’ pero si no lo sientes, no lo entiendes.


Si Necaxa me enseñó algo en esta vida, fue a levantarme después de la caída.

Publicado originalmente en: Labia H2